La naturaleza mima el fruto y lo provee de inconfundibles virtudes. El hombre lo recoge para transformarlo con siglos de tradición, con delicado trabajo. Y en las cálidas  barricas de roble que lo aguardan se culmina el milagro: colores armoniosos, caldos redondos, aromas intensos... Un vino único, perfecta combinación entre las condiciones
privilegiadas del territorio y el legado de nuestra cultura.

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